Presidio Social Club, resguardando la historia con mucho sazón.

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En mi viaje por San Francisco tuve que experimentar, durante casi dos semanas, el tener que llegar a lugares hermosos para comer sola varias veces, ¡uf! que difícil resulta a veces, porque uno quisiera tener a alguien en frente para poder compartir las cosas maravillosas que hay alrededor y las vistas que uno puede admirar desde la ventana, por no decir de esos platos que uno quiere partirlos a la mitad para poder pedir más cosas. Pero parece que el destino estuvo de mi lado cuando visite el restaurante Presidio Social Club, porque mi mesero, además de ser realmente muy servicial y amable, hablaba español, lo que me permitió poder platicar con él de todo lo que estaba experimentando en este bello lugar, y no sentirme sola.

El Presidio Social Club esta ubicado en lo alto de una colina en la ciudad de San Francisco y tiene hermosas cartas de menu de restaurantes, y el edificio que ocupa fue un cuartel militar erigido en 1903. La remodelación respeto la estructura y por dentro uno se siente en un ambiente muy agradable y cálido. Por ser domingo por la tarde-noche, aun encontré a muchos grupos de familias que departían mientras los platos llenaban sus mesas, así que además de lo anterior, resultaba acogedor.

Mi mesa estaba ubicada junto a la ventana y me permitía ver las copas de los árboles frondosos que forman parte del Presidio National Park (Parque Nacional Presidio) y las luces que poco a poco se iban encendiendo de la ciudad que se alcanza a ver a lo lejos. Mientras observaba aquello, mi adorable mesero llamado Daniel Sanchez, me sugirió algunos de los cocteles de la casa en las cartas para restaurantes, y me decidí por el de la semana que estaba compuesto por James Pepper Rye bitter, Vermut Dulce, Licor de raiz de baya y una rodaja de naranja. En algún lado leí que los cocteles de este lugar no eran tan buenos, y después del primer trago estuve en total desacuerdo con ese crítico, la verdad es que el coctel era muy bueno, equilibrado, no demasiado dulce o amargo, fresco, se veía que el barman sabía lo que hacía. Y esto me confirmo de nuevo que no podemos confiar en todo lo que leemos, especialmente cuando son críticas negativas. A mi parecer el tema de los cocteles había pasado la prueba con 10 de calificación.

De entrada, Daniel, mi mesero-amigo (ya para esas horas ya éramos bien cuates, bueno, si, no había pasado mucho tiempo, pero ya saben como somos los latinos de amistosos) me recomendó un Ahi Tuna Poke: cubos de atún marinados en una salsa con notas agridulces y de soya, pepino, jícama, y para acompañarlo unas tostaditas de taro. Lo vi grande cuando llego, pero pequeño cuando se acabo, lo que quiere decir que estaba muy bueno.

La sopa del día era una crema de Kale, yo amo el kale, y especialmente en los Estados Unidos, que crecen enormes y frondosos y con un gran sabor, así que no dude ni por un instante que deseaba un gran plato de esa crema. Para armonizarla, Daniel me ofreció un vino blanco Sauvignon Blanc con barrica que le iba maravillosamente bien. Hacía algo de fresco afuera, y con esa sopita, sentí como se me calentaba el cuerpo y el alma. Una buena sopa siempre nos hace sentir bien, y esta cumplió con su cometido.

Para el plato fuerte Daniel me explico que uno no puede ir al Presidio Social Club y no probar su famosa Chuleta de Puerco Berkshiere rostizada. Así llego hasta mi mesa una gorda y suculenta chuleta de puerco brillante y deliciosamente crujiente, sobre una cama de maíz dulce y pimientos rostizados. En cuanto la vi, me llego a la mente eso de lo que les hablaba antes del porque no siempre es lindo comer sola, aquello era demasiado, pero Daniel me dijo que no tenía porque sentir culpa si dejaba la mitad o más, que lo importante es que me fuera de ahí con el sabor de tan excelso platillo. Y si, tuvo razón, no haberla pedido habría sido una tontería porque estaba realmente deliciosa. (Y deje menos de la mitad) Para acompañarlo Daniel me trajo una copa de un portentoso Zinfandel que fue el compañero perfecto para mi chuleta.

Gracias al consejo de mi amiga Sabrina de recordar que para el postre siempre hay otro estómago (al menos trato de creer que así es) me tome la libertad de pedir unos Brioche Beignets, suaves, esponjosos y rellenos de chocolate obscuro calientito, junto con una de sus bebidas calientes de la casa el Drunkem Earl con Wild Turkey Rey, Drambule, y té negro.

Es imposible sentirse melancólica o infeliz ante tantas atenciones y un servicio cariñoso y cordial que acompaño a una cena maravillosa. Dejo a Presidio Social Club como uno de esos lugares a donde uno llega sola y sale con una sonrisa que un buen camarero nos pone en el rostro. Andar por San Francisco y no pasar por este restaurante sería una pena, así que les recomiendo ampliamente que lo visiten.

Tag: carta menu de restaurantes

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